Tinta Judicial
Lunes 20 de Noviembre de 2017

La Plata: de victimarios a víctimas judiciales

Silvio Herrera

Silvio Herrea estuvo detenido un año acusado de ser un violador serial: es inocente

Historias de errores judiciales que terminaron con inocentes encarcelados y una historia en curso en la justicia Federal

Muchas veces los errores judiciales terminan con inocentes tras las rejas, pero el avance de la ciencia forense achicó el margen de resbalones en las investigaciones penales. Y la salida a escena de los estudios de ADN resultan ser la llave de oro para abrir el cofre del esclarecimiento en casos graves como homicidios y violaciones. Y en la ciudad de La Plata, sobra antecedentes.

Uno de los casos más resonantes se dio a fines de la década del noventa, cuando fue detenido y acusado injustamente Silvio Herrera, el joven de la localidad bonaerense de General Alvear que estudiaba ingeniería en La Plata. Le imputaban ser el violador serial de la capital bonaerense. Fue sobreseído tras permanecer casi un año preso, al conocerse los resultados de los estudios de ADN, que implicaron en el caso a Alberto Fabián Salas, con un 99,9 por ciento de certeza. El parecido entre ambos asombró a los propios investigadores. “Eran igualito”, recordaron ante la consulta de Tinta Judicial.

El 21 de junio de 2013 Salas, de 46 años, cometió su último intento de ataque sexual. Condenado por múltiples abusos, pero beneficiado con salidas transitorias, se metió en el edificio de quien sería su próxima víctima, probablemente sin sospechar que se trataba de una mujer policía.

La joven de 27 años atendió el llamado de un hombre que la había pasado a buscar y que la esperaba abajo, sin saber que ella al salir de su departamento, en el hall del edificio, se encontraría con un violador al acecho.

Ella se resistió, pero el intruso la tomó de los pelos, la metió en su casa y la llevó hasta la habitación. Casi desvanecida, la  joven logró sacar su arma reglamentaria de la cartera, en medio de gritos, cuando el delincuente se le abalanzó, se oyeron en el edificio al menos tres detonaciones de arma de fuego. El abusador Salas, herido en su pecho, intentó huir como pudo, pero al llegar a la planta baja cayó abatido al final de la escalera, frente a la puerta principal.

El caso Salas/Ferrera fue una alerta a la clase dirigente que impulsaba implementar una política de mano dura a los violadores y asesinos, sin tener en cuenta que el actual sistema judicial comete estos graves errores por los cuales pagan con la cárcel personas inocentes.

Un misterio similar en un juicio oral por delitos de lesa humanidad que se desarrolla en el fuero Federal de La Plata y tiene como protagonista al veterinario Claudio Grande y al enigmática Estanislao Chiara Vieyra. El primero es uno de los detendidos acusado de graves delitos ocurridos en el centro clandestino de detención conocido como La Cacha, que funcionó en la localidad de Lisandro Olmos entre 1976 y 1979.

La defensa de Grande sostiene que el verdadero represor apodado “Pablo” es Chiara Vieyra. De las fotos que figuran en el expediente y a las que accedió Tinta Judicial, se nota que, también en ese caso, el parecido entre ambos es asombroso.

En la última audiencia del juicio, previo a la feria judicial, el abogado defensor Juan Losinno leyó un poema. “chispas de rumores quiebran el silencio olvidado (…) avanzo hacia la nada tan temida”, recitó el letrado particular de Grande.

Los jueces del Tribunal Oral Federal 1 de La Plata y las partes oían –todavía- en silencio. La autora de aquella prosa es Martha Mazilli, había sido tomada de su cuenta de facebook y estaba dirigida a Estanislao Chiara Vieyra, su esposo, el hombre que -según denuncia el abogado- debería ocupar el lugar de su cliente en el banquillo de los acusados. “La poesía, fue escrita dos meses después de la detención los imputados (en febrero de 2010), es la misma y tiene dos títulos distintos: ‘el día del juicio’ y ‘todos los miedos’”, enfatizó el abogado, presentándola como uno de los indicios para demostrar la inocencia de su pupilo. “Ha sido una estafa procesal, y voy a denunciar un encubrimiento del tan mentado Pablo por parte del Ejército”, concluyó.

Así, esa defensa, insiste en su estrategia que nunca ocultó y reclamó en todas las instancias. Nunca negó que Grande cumplió funciones en el Destacamento de Inteligencia 101 con una categoría A2 de “redactor dactilográfico”, y se limitaba a hacer recortes de diarios y producir informes sobre seguimientos de las áreas gremiales y políticas de la realidad nacional. Es decir: un simple escribiente que nunca estuvo en La Cacha ni supo de su existencia. Según esa versión, el guardia apodado “Pablo” que hace más de quince años vienen mencionando en distintas sedes judiciales los sobrevivientes del centro clandestino, es Estanislao Chiara Vieyra, un agente de inteligencia de gran parecido físico, que aparece en las listas desclasificadas del personal civil del Batallón 601 y estuvo destinado al Destacamento 101, y que también, como Grande, estudiaba en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de La Plata.

El “ADN suplente”

Para probarlo, Losinno aportó al tribunal el legajo microfilamado de Chiara Vieyra y un anexo documental que obtuvo –mayoritariamente- del Facebook de Mazilli, una fuente de información a la que le adjudicó aportar “datos similares a los de un ADN, cuestiones de la intimidad de las personas, afirmaciones y fotos que hacen a la verdad de los hechos”, explicó ante la consulta de Tinta Judicial.

Junto a la poesía de la esposa de Chiara Vieyra, disparó una batería de indicios que, según su postura, comienzan a develar el ADN de usos, gustos y costumbres de Chiara Vieyra o “el verdadero Pablo”.

También imágenes del hijo y el nieto de Chiara Veyra con unos “potentes ojos celestes”, que sería un rasgo común a toda la familia. Eso, porque algunos sobrevivientes recordaron los ojos de Pablo claros y profundos. Y hasta discos del quinteto “Tiempo”, un grupo vocal que el guardia de La Cacha dijo a uno de los secuestrados que integraba.

Junto con ésos, Losinno aportó otros datos de una trama político-institucional que justificaría el encubrimiento: una copia del perfil de la red social Linkedin de la hija de Chiara Veyra –aunque si se ingresa ahora no está disponible- que indicaría que era secretaria privada del Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Luis María Carena. Eso explicaría, para el letrado, que cuando pidió el legajo personal de Chiara Vieyra fue remitido sin foto y con los destinos militares sólo hasta el año 1981. Del microfilm, asegura, surge que su apodo es “Pablo”, que tenía un nombre de cobertura y excelentes aptitudes en inteligencia. Consultado por este medio, dijo que Grande “no tenía ni nombre de cobertura ni apodos”, y que no tenía “ningún tipo de curso de inteligencia ni aptitud”. Y pidió los legajos de Carena, su esposa Ana Irene Goyti -civil del Batallón 601-, Chiara Vieyra, su hija María Guadalupe, y el del jefe del Ejército César Milani, para corroborar si él, Carena y Chiara Vieyra compartieron destino.

Durante el juicio oral, al menos tres personas señalaron a Claudio Grande como el guardia “Pablo”, integrante de la “guardia buena”. Losinno los consideró nulos por una cuestión técnica –en instrucción les mostraron fotos de Grande sin control de defensa- y dijo a Tinta Judicial que a 37 años “es muy difícil la individualización y lo que determina la suerte de quien es Pablo es la documentación del legajo PCI”. En los reconocimientos, dos testigos señalaron la foto de Chiara Vieyra.

El juicio oral ingresará en breve en la etapa de alegatos. Los jueces deberán develar el acertijo llamado “Pablo”.

 

 

 

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