Tinta Judicial
Jueves 19 de Septiembre de 2019

Juicio oral a policías de La Plata por evasión

Virginia Bravo

Virginia Bravo, estadísticamente, la mejor fiscal de La Plata

Están acusados de facilitar la evasión de presos en una comisaría ubicada a pocas cuadras del ministerio de Justicia bonaerense

Un pedido de juicio oral recayó sobre siete policías de La Plata procesados en el marco de la investigación abierta por la fuga de dos detenidos de la comisaría Primera (ubicada en 53 entre 9 y 10), hecho descubierto el 2 de agosto de 2011, confirmaron fuentes del caso a Tinta Judicial. Uno de los funcionarios sospechados era en ese entonces el titular de esa comisaría. Los evadidos fueron recapturados y un tercero no pudo fugar ya que es obeso y quedó atascado en el boquete. Los detenidos sostuvieron en sus declaraciones que personal policial les facilitó la fuga a cambio de una fuerte suma de dinero y de futuros “trabajos” (hechos delictivos) que debían ejecutar en base a datos policiales.

Los efectivos señalados en el expediente son Cristian Eduardo Silva, Raúl Alberto Moreno y Guillermo Diego Salas, acusados de “cohecho”. El comisario Marcelo Javier Tidoni, quien luego fue titular de la Distrital Centro de La Plata, está sospechado de “favorecimiento culposo de evasión”. Por último los efectivos Franco Daniel Panne, Marcelo Cifuentes y Patricio Masana deberán responder por la imputación de “falsedad ideológica de instrumento público”, según se desprende del expediente.

Luego de un trabajo silencioso, la fiscal Virginia Bravo obtuvo indicios de que el intento de evasión que protagonizó Martín Damián Baso (quien quedó atrapado en el boquete) y el escape consumado por Jorge Rafael Almirón y Adrián Saúl Rivero, no pudo haberse ejecutado sin la colaboración del personal policial de la dependencia.

Los detenidos aseguraron en sus indagatorias que tardaron tres días en realizar el boquete con herramientas que les proveyó personal policial y que ganarían su libertad a cambio del pago de cincuenta mil pesos. El policía Salas fue apuntado como el “recaudador” del acuerdo.

Pero el acuerdo iba más allá. Una vez en la calle, los reos debían ejecutar tres ilícitos: asaltar oficinas donde funcionaba “una mesa de dinero”, a un “prestamista” y a una “pareja de ancianos” que cobraba pensiones y jubilaciones europeas. “Él en dólares, ella en euros”, siempre según surge del expediente.

Sueños de libertad

La fuga fue advertida en los primeros minutos del 2 de agosto de 2011, en el momento en el que un efectivo procedía a encerrar en las celdas a los reos, lo que en la jerga se conoce como “engome”.

En el calabozo había once detenidos. El protocolo indica que cada noche los presos son encerrados en sus respectivas celdas y a la mañana siguiente nuevamente se les abre la puerta para que puedan salir al sector de encierro común. Rivero y Almirón “salieron al patio de la casa vecina y luego fugaron, creemos que por los techos”, relató entonces Daniel Piqué, ex titular de la Distrital Centro de La Plata.

Los presos tuvieron que perforar los 30 centímetros de la medianera más 10 centímetros del hormigón de la celda, según cálculos policiales. Por el tiempo que tardaron –y el ruido que necesariamente tienen que haber hecho– surgió la sospecha de que pudieron haber contado con complicidad policial.

Los dos evadidos salieron al patio de la casa de Miguel Ignomiriello, gloria de Estudiantes en la década del 70, quien vive en la vivienda lindera a la seccional. El hombre sospecha que el “trabajo” les llevó a los presos varios días: El jueves anterior escucharon ruidos extraños. “No pensamos que iba a volver a suceder lo que pasó hace muchos años, cuando se fugaron varios presos”, dijo en aquel momento en declaraciones periodísticas.

Por los techos

Antes de la una de la madrugada de aquel día, los Ignomiriello saltaron sobresaltados de la cama. En minutos, su casa era “un mundo de policías”. Los efectivos requisaron los fondos de la vivienda y hallaron la evidencia. Además del hueco en la pared que da al jardín del vecino, encontraron una escalera con la que los prófugos subieron a los techos y desde allí ganaron la calle.

El alerta radial corrió hasta cada rincón de La Plata y localidades vecinas. Se montó vigilancia en los puntos de salida de la ciudad (terminal de micros, estación de trenes, accesos rápidos como avenidas 13 y 44), en las casas de los fugados y allegados a éstos, además de distribuirse la fotografía de ambos reos. A contramano de lo que indica el sentido común, Rivero fue hallado minutos después de las tres de la tarde del 2 de agosto en su propia casa, ubicada en el Barrio Náutico (ex Barrio Chino) de Berisso, manzana 2 casa 28. Almirón, con domicilio en Romero, fue capturado unos días más tarde.

El expediente

Por la fuga, la titular de la Fiscalía Nº 7 platense, Virginia Bravo, inició una investigación sigilosa, sin prisa, pero sin pausa. En las primeras horas de la investigación precisó además que “el boquete fue hecho con herramientas que se las habrían facilitado”. La sospecha de que los detenidos actuaron con la complicidad de efectivos de la seccional es también investigada por la Auditoría General de Asuntos Internos de la Bonaerense.

En tanto, los nueve presos que quedaron en la seccional tras la fuga, más el posteriormente recapturado, fueron trasladados a distintas dependencias.

Precedentes

La cinematográfica fuga tiene un antecedente casi calcado hace una década. Fue cuando cinco presos fugaron de la Primera rompiendo la pared y saliendo a la casa de los Ignomiriello. El propio Miguel recordó, con un dejo de humor, aquel episodio.

“Recuerdo que estaba en el fondo haciendo un asado y escuchaba ruidos en la pared, como que alguien raspaba. Comenzamos a sospechar que los presos intentaban hacer un boquete. Yo les tiraba una piedra contra la pared y el ruido paraba. Al rato, otra vez. Yo seguía haciendo el asado. Cuando nos levantamos, a la mañana siguiente, encontramos el agujero: era más chico que este de ahora, pero por donde pasa la cabeza pasa el cuerpo”, sentenció el veterano Miguel.

Meses antes de la última fuga, la comisaría Primera volvió a ser noticia cuando el enano del Circo Servián que había sido detenido por presuntamente robar elementos del interior de un auto estacionado en el hipermercado donde estaba emplazada la carpa, intentó limar los barrotes superiores de una celda, por donde pretendieron escaparse once presos. No fue posible: los uniformados pescaron in franganti al pequeño hombre, quien se sometió a una suspensión de juicio a prueba para enmendar su conducta reprochable legalmente.

 

 

 

 

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