Tinta Judicial
Viernes 28 de Abril de 2017

Hechos colaterales del cuádruple femicidio

Silvia Matsunaga

Silvia Matsunaga, testigo amenazada

Tras la masacre de La Loma, varios protagonistas fueron rozados por la inseguridad y la muerte

Un intento de suicidio. Dos baleados. Un testigo amenazado. El incendio de un auto. Un robo. Dos heridos de balas. Todos estos hechos fueron protagonizados por personas vinculadas al cuádruple femicidio de La Plata perpetrado el 27 de noviembre de 2011.

El reciente ataque que sufrió Osvaldo Martínez (uno de los acusados por la masacre de tres mujeres y un niña) sacudieron del letargo otros episodios de violencia que rodearon a varios protagonistas de la dramática historia que, a diario, se ven las caras en el juicio oral a cargo del Tribunal Oral Criminal III de La Plata.

Los hechos

El 5 de junio de 2012 Javier Quiroga, único detenido por el múltiple crimen, intentó quitarse la vida: se autolesionó produciéndose heridas cortantes en sus brazos y debió ser trasladado de urgencia al hospital. El hombre, quien no logró su cometido, había dejado una carta para su familia.

En principio la causa parecía que iba rumbo al cierre como un intento de suicidio, pero el Fiscal General de La Plata, Héctor Vogliolo, solicitó al fiscal Marcelo Romero (de turno al momento del hecho) que escuche el testimonio del detenido “para determinar las versión del ministerio de Justicia y Seguridad se ajusta a la verdad”.

Según la versión oficial Quiroga gritaba “no quiero vivir más”, mientras era trasladado de urgencia al hospital, luego de autolesionarse con un elemento cortante en varias partes de su cuerpo. Dejó una carta dirigida a su familia, en la que presuntamente explica los motivos de su decisión de quitarse la vida.

En el primero de los llamados a declarar, el albañil no concurrió a la cita. Se quedó en su celda. El 22 de agosto de aquel año fue llevado compulsivamente hasta la Fiscalía 6 de La Plata. “Calculo que lo hago para descargar emociones y sentimientos”, explicó Quiroga en la declaración a la que tuvo acceso Diagonales.

También contó que fue amenazado de muerte. Refirió que fueron “únicamente por carta”. Destacó entonces que esas cartas no eran remitidas por sus compañeros de pabellón, con los cuales dije llevarse bien, sino que llegaron “mediante lo que se denomina ‘paloma’ desde otros pisos”.

En octubre de 2012 Miguel Pereyra, el padre de Marisol, una de las víctimas del cuádruple femicidio de La Loma, fue herido a balazos en sus piernas en la ciudad de Rosario, donde reside. El ataque se produjo durante un asalto perpetrado en una calle de esa ciudad. “No me dijeron nada del cuádruple crimen. Creo que fue un robo al voleo”, explicó.

Según su relato, los disparos fueron dos: uno de los cuales impactó debajo de su rodilla derecha. También indicó que nunca se resistió, y que simplemente les dijo a los ladrones que no llevaba nada de valor.

José Fabián Lencina fue citado como testigo al juicio oral. Fue llevado a declarar compulsivamente en patrullero. Asustado, ingresó a la sala de audiencias y antes de declarar denunció ante los integrantes del Tribunal Oral Criminal III de La Plata que, tras su segunda declaración en la etapa de investigación del caso, fue amenazado telefónicamente y hasta intentaron prender fuego la cabina del medidor de gas de su domicilio. Hizo dos denuncias policiales cuyas copias aportó a los jueces. “Nadie se interesa en lo que está pasando, después de esto (la declaración), qué pasa conmigo” se preguntó Lencina y afirmo que “no quiere” ser “el próximo Julio López”, en relación al testigo desaparecido en La Plata luego de declarar en el juicio oral que culminó con la condena a perpetua del ex comisario represor Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Su versión pone en crisis la aportada por el remisero Marcelo Tagliaferro. Lencina vio otra secuencia distinta a la narrada por el principal testigo de la acusación. Sostuvo por primera vez ante los jueces que observó a dos hombres y una mujer, a los gritos, en la puerta del trágico PH del barrio La Loma y señaló al padre de una de las víctimas, en base a su morfología corporal. Tras su declaración los magistrados le notificaron que los expedientes abiertos por las denuncias de amenazas fueron archivados. Lencina será citado nuevamente en la fecha que se realice la inspección ocular de la escena del crimen y deberá recrear en el lugar la secuencia narrada en la audiencia.

En abril de 2013 la vivienda de Martínez, fue blanco de un robo seguido de incendio. Julio Beley, su abogado explicó entonces que se trató de “un hecho extraño” ocurrido en la casa de Melchor Romero y lo consideró como “un robo seguido de un incendio intencional”.

El letrado detalló que “le robaron y le prendieron fuego la casa mientras él no estaba”, aunque aclaró que le sustrajeron un televisor y otros elementos además de documentación.

Pero ese no fue el primero hecho de inseguridad que sufrió Martínez en su casa. Ni sería el último. Durante su primera detención fue allanado el domicilio. El acusado denunció que tras el operativo policial, de su casa se esfumaron dos mil pesos en efectivo que guardaba en una billetera para las vacaciones del verano 2012. El expediente tramita en la UFI 6 de La Plata a cargo de Marcelo Romero.

El último de los hechos que padeció Martínez fue el viernes  23 de mayo pasado. Ese día había declarado el testigo Lencina que, según la defensa, desacredita la versión del remisero Tagliaferro. Horas después, el acusado fue baleado cuando llegó hasta el consultorio de su psicóloga. El hecho ocurrió en las calles 8 entre 63 y 64 cuando Martínez (30) fue sorprendido por un delincuente que le robó la moto Suzuki 125 color azul en la que se trasladaba y le efectuó dos disparos, uno de los cuales le impactó en una pierna. El otro proyectil quedó empotrado en la pared de una vivienda del lugar.

Beley detalló que en el momento del asalto Martínez se había detenido con la moto en el consultorio de su psicóloga cuando se le acercó un hombre y tras amenazarlo con un arma le pidió que le entregara la moto y una mochila.

Según el defensor, el delincuente le efectuó en ese momento un disparo y cuando le apuntó al abdomen Martínez “le pegó una manotazo y el disparo se desvió y le rozó una pierna”, tras lo cual el asaltante se llevó la moto.

Martínez fue trasladado por un patrullero hasta el Hospital San Martín de La Plata donde fue atendido por la herida de la pierna y dado de alta a las pocas horas. Del nosocomio se dirigió a la comisaría Novena de La Plata a realizar la denuncia policial correspondiente.

Hasta esa seccional llegaron los jueces Ernesto Domenech y Andrés Vitali, quienes junto a Santiago Paolini conforman el tribunal que juzga a los acusados de matar a Susana De Bárttole (63); Bárbara Santos (29) (novia de Martínez); Micaela Galle y Marisol Pereyra (35), amiga de Susana y Bárbara. Se llevaron copia de la denuncia y ordenaron disponer custodia policial para Martínez.

Beley dijo a Tinta Judicial que “todo indica que se trató de un hecho de inseguridad, pero llama la atención que ocurrió el mismo día que declaró un testigo amenazado de muerte”.

El letrado confirmó que su defendido iba con el casco puesto, por lo que –supone– no fue reconocido por el ladrón. No obstante, al ser consultado respecto de si el ataque podría estar vinculado con el juicio, prefirió no descartar ninguna hipótesis y remarcó que le resulta sugestivo que el hecho se produzca a horas de la declaración del testigo José Fabián Lencina que, a su entender, voltea los dichos del remisero Marcelo Tagliaferro, quien inculpa a su defendido, Martínez.

Silvia Matsunaga es la testigo que denunció haber recibido amenazas de muerte por declarar en contra de Martínez. "Japonesa de mierda, por declarar en contra de nuestro amigo Alito ni el musculoso de mierda te va a salvar hdp qepd". El anónimo lo encontró el 2 de octubre de 2011 junto a una lengua de vaca cortada. Esa causa está radicada en la fiscalía 3 de La Plata a cargo de Marcelo Martini.
En su declaración durante el juicio, denunció que el pasado 8 de abril sufrió una nueva doble amenaza. Le enviaron dos cartas anónimas confeccionadas con letras de diario.

El primero de los mensajes intimidantes lo encontró sobre el asiento de su moto que guarda en el pasillo del complejo. “Ya te queda poco japonesa de mierda vos y tu familia van a estar muertos”, leyó en la carta. Minutos después el propietario del comercio donde trabaja la llamó a su celular y la puso al tanto de otro anónimo que llegó al local: “Conocemos todo de vos, vas a estar muerta”.

La mujer dijo estar atemorizada por esta situación y afirmó que le quitaron la custodia policial.
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