Tinta Judicial
Martes 24 de Septiembre de 2019

“No permitan que Claudio Grande sea otra víctima de ‘La Cacha’”

Juan Losinno Julio Beley Fernando Bujan

El defensor Juan Losinno (centro) alegó durante siete horas

La defensa del acusado alegó durante más de siete horas y fue ovacionada por la mayoría del público y todos los detenidos

La proyección en pantalla gigante de legajos de personal de civil de inteligencia. Una cámara filmadora que generó polémica. Citas literarias. Despliegue de biblioteca jurídica. Aplausos. Risas. Ovación. Insultos. Histrionismo. De todo menos indiferencia. En esas palabras (y tal vez en otras más), se pueden resumir las siete horas de alegatos de la defensa de Claudio Grande, ex personal civil de inteligencia durante la última dictadura cívico militar, acusado de ser el represor apodado “Pablo”, uno de los señalados por los sobrevivientes del centro clandestino de detención La Cacha como integrante de la “guardia buena” de ese lugar de exterminio. También alegaron otras tres defensas. Todos, con distintos argumentos, pidieron libres absoluciones de culpa y cargo. La última audiencia de debate será este viernes 10 de octubre, con las últimas palabras de los acusados.

El alegato del abogado particular Juan José Losinno no fue uno más. Su representado tiene varios pedidos de condena perpetua del fiscal y de la mayoría de las querellas. La única que se inclinó por una pena divisible fue la representada por el letrado Oscar Rodríguez, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) La Plata, que reclamó una sentencia a 15 años de encierro.

Losinno, quien nunca fue defensor del policía Justo López (condenado a perpetua por el homicidio de Miguel Bru) como se informó falsamente desde diversos medios digitales, desplegó su alegato con sus ademanes y gestos corporales que son una marca registrada en su estilo de exposición. Forjó en su alegato la estrategia, la hipótesis que sostiene desde que asumió la defensa, que Claudio Grande, quien cumplió funciones en el Destacamento de Inteligencia 101 (en las oficinas que estaban ubicadas en calle 55 entre 7 y 8 de La Plata) con una categoría A2 de “redactor dactilográfico”, se limitaba a hacer recortes de diarios y revistas de la época que luegon formaban parte de informes sobre seguimientos de las áreas gremiales y políticas de la realidad local, provincial y nacional. “Un simple escribiente al que le gustaba dibujar y que nunca supo de la existencia de La Cacha”, sostuvo en no menos de tres oportunidades.

Esa parte no solo se valió de los recursos técnicos y jurídicos habituales de los abogados. También llevó una pantalla gigante y un proyector que fue utilizado para la exhibición de los legajos de Grande y del espía Estanislao Chiara Vieyra quien, según Losinno, “es el verdadero Pablo”.

La versión Losinno indica que el legajo de Chiara Vieyra habría sido ocultado por sus contactos con llegada el jefe del ejército, César Milani. Y nombró el perfil de la red social para profesionales Linkedin de la hija de Chiara Vieyra. Según el abogado, la hija sería secretaria privada del Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Luis María Carena.

Retratos del pasado

Las fotos de ambos son contundentes. El parecido es asombroso. A tal punto sus facciones son similares que en los reconocimientos fotográficos realizados durante el juicio oral, varios sobrevivientes señalaron a Chiara Vieyra como “Pablo, abonando la teoría de la defensa. En ese lote se ubica la referente en la lucha por la defensa y promoción de los Derechos Humanos, la sobreviviente María Laura Bretal, ex militante del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML).

En un imaginario confronte de similitudes y diferencias el defensor particular detallo:

“Grande era dibujante; el otro karateca”

“Grande no tuvo cursos de ninguna clase; Chiara Vieyra tenía aptitud especial de inteligencia”

“Grande fue calificado en Subversión y Contrasubversión con 5; Chiara Veyra con todos 10”.

“A Grande le gustaban los caballos, no los perros como a Chiara Vieyra”

Otros testigos señalaron a Grande como “Pablo”. Uno de los ejes de la defensa fue intentar demostrar que esos testimonios fueron contaminados en la instrucción realizada por el fallecido juez Humberto Blanco.

Losinno denunció que los señalamientos ejecutados durante la instrucción son nulos porque se llevaron a cabo sin control de la defensa y denunció al antropólogo Alejandro Incháurregui, a quien acusó de extraer fotos judiciales y mostrarlas a los sobrevivientes antes que se realizaran los reconocimientos. Para fundar esa hipótesis sacó a relucir una denuncia realizada por la agrupación Justicia Ya! Que daba cuenta de esas presuntas maniobras.

Uno de los momentos tensos de la jornada se vivió cuando el juez Carlos Rozanski notó la presencia de una cámara de filmación en el estrado, ajena al Centro de Información Judicial. Losinno admitió que esa cámara había sido colocada a pedido de esa parte para filmar el alegato y luego utilizar la filmación ante un posible recurso en Casación. El magistrado ordenó retirarla, Losinno solicitó recurso de reposición ante los otros dos magistrados y el letrado ganó la pulseada por mayoría, pero a media. La cámara siguió filmando, pero se mudó a la parte superior del teatro donde se desarrolla el debate, sector donde se ubican los periodistas acreditados y los familiares de los acusados.

En dos tramos de su exposición el defensor arrancó el aplauso cerrado de los allegados de los procesados. Los golpes de palmas taparon por completo las pocas voces de repudio del público ubicado en la planta baja, donde se ubican sobrevivientes, hijos de desaparecidos, representantes de organizaciones sociales, estudiantes y público en general. “Es la primera vez que en este tipo de  juicios los familiares de los detenidos superan en número y ruido a las querellas”, se escuchó decir con asombro a uno de los magistrados durante uno de los cuartos intermedios de la jornada.

Durante su exposición Losinno (quien fue apodado por las querellas como “El abogado del Diablo”) citó a varias obras de juristas en pos de abonar su teoría de la equivocación de persona. También reconoció sus exabruptos durante el debate y pidió disculpas por ello, al punto que, en varios pasajes de su alocución, arrancó varias risas a los magistrados y gran parte del público.

Luego de analizar cada uno de los testimonios de cargo y confrontarlos con declaraciones de las mismas personas en otros procesos, el letrado subrayó las contradicciones, omisiones y diferencias en las versiones que dieron los sobrevivientes, lo que significó un barrido de distintas causas. Todo un manual de investigación judicial.

Tras cerrar su alegato con el pedido de absolución y remarcarle a los magistrados que “no permitan que Claudio Grande sea otra víctima de ‘La Cacha’”, las hijas del acusado rompieron en llanto, gobernadas por la angustia y recordando que “hace cinco años que vemos a papá en una cárcel y es inocente, nuestro viejito es inocente”, se lamentaba la mayor de las tres hermanas, mientras sus familiares y amigos trataban de clamarle la angustia luego del grito liberador de “justicia para mi papá”.

Otras voces

En la jornada del pasado miércoles 8 de octubre también alegaron Martín Herrero Carré, defensor de Luis Orlando Perea, para quien la fiscalía había pedido la absolución, el defensor de Julio Garachico, Julio Beley, y el imputado Jaime Smart, que asumió su propia defensa. Todos pidieron la libertad en base a nulidades y presunta “orfandad probatoria”.

El debate quedará formalmente clausurado el viernes 10 de octubre cuando los acusados digan sus últimas palabras antes que los jueces se retiren a deliberar para dar a conocer el veredicto pautado, sin fecha confirmada, para el viernes 24 de octubre.


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