Tinta Judicial
Martes 18 de Diciembre de 2018

Cuádruple femicidio: perpetua a los acusados

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Los jueces Santiago Paolini, Andrés Vitali y Ernesto Domenech juzgarán a Martínez y Quiroga

Lo solicitó el fiscal y los tres abogados de las familias de las víctimas. El sábado será el turno de las defensas. Veredicto, la próxima semana

Tres pedidos de reclusión perpetua y uno de prisión (también perpetua) recayeron sobre Osvaldo Martínez y Javier Quiroga, acusados de perpetrar el cuádruple femicidio de La Plata, hecho descubierto el 27 de noviembre de 2011 en el barrio La Loma. El sábado 12 de julio será el turno de los alegatos de las defensas. El veredicto (o un adelanto del mismo) se conocerán la próxima semana, luego de más de dos meses de juicio oral.

El fiscal Álvaro Garganta fue el primero de la línea acusatoria en exponer su hipótesis. Consideró que ambos hombres son "coautores" de los cuatro homicidios y solicitó al Tribunal Oral Criminal III de La Plata la pena de reclusión perpetua para ambos por los asesinatos de Bárbara Santos (29), Susana de Bárttole (63), Marisol Pereyra (35) y la niña de 11 años Micaela Galle.

Al momento de valorar la prueba, el fiscal dio crédito a la versión del remisero Marcelo Taglifaerro (imputado por “falso testimonio”) y sostuvo que “ofreció información precisa”. Cabe recordar que el testigo hizo dos declaraciones. En la primera aseveró que no estaba en condiciones de reconocer a la persona que le franqueó el acceso de Marisol Pereyra al trágico PH, hasta donde llegó a bordo del remís del testigo. En la segunda (y cuando la foto de Martínez fue publicada por cientos medios de comunicación audiovisuales) cambió su versión y señaló al novio de Bárbara Santos.

También respaldó la versión de la testigo Patricia Godoy, vecina de Martínez quien sostuvo que lo vio llegar en un auto a su casa en la madrugada de aquel 27 de noviembre; la acusación del coimputado Quiroga y el informe de análisis de comunicaciones que, según la acusación, el novio de Bárbara Santos no estaba en su casa el domingo por la mañana.

Garganta recordó que los policías hallaron en el living el cadáver de Bárbara, que estaba sin ropas, ya que había sido sorprendida por quien la mató cuando se duchaba, mientras que su hija Micaela  fue hallada en un dormitorio, sobre una cama de dos plazas.

En la cocina, en tanto, fueron encontrados los cuerpos de la madre y abuela de las dos primeras víctimas, Susana De Barttole, y una amiga de ésta, Marisol Pereyra, quien había llegado a visitarlas.

En una de las manos de la niña había un celular, con el que intentó hacer al menos dos llamadas a familiares pidiendo auxilio, y también al 911, pero el número que quedó registrado fue 9111.

En su testimonio, uno de los vecinos que llamó a la policía contó que la noche del 26 de noviembre había oído "gritos de mujer", pero que pensó que "habrían encontrado una laucha y la estarían tratando de cazar", ya que días antes habían visto ratas en el lugar.

En tanto, policías recordaron que cuando descubrieron el hecho fueron a aprehender a Martínez (30), éste, "enterado de los sucesos e incluso de la muerte de su novia en forma violenta, se mantuvo callado, sin demostrar prácticamente emociones de ninguna índole".

Martínez llegó al juicio en libertad "por falta de mérito", ya que no se encontraron pruebas fehacientes para detenerlo.

Quiroga (35) -quien había realizado unos trabajos de albañilería en la vivienda donde ocurrió el hecho y conocía a sus moradores- se encuentra detenido en la Unidad 9 de La Plata.

En un extenso alegato, el fiscal Garganta consideró que reunió "todos los elementos probatorios suficientes" para incriminar a Quiroga y Martínez.

Detalló pormenorizadamente la investigación para detectar a los sospechosos y remarcó que "está debidamente comprobado" que "al menos dos invididuos del sexo masculino, conocidos de la familia, les dieron muerte" a las cuatro mujeres.

Apeló a los informes de las autopsias realizadas a las víctimas, describió la trayectoria de las lesiones de Susana De Barttole, dijo que recibió 15 heridas físicas y destacó que Bárbara Santos fue la que más puñaladas tuvo, "más del doble que el resto".

Precisó que Micaela recibió múltiples puñaladas, y que Pereyra tenía "heridas de arma blanca, no presentaba signos de que haya podido defenderse y se le encontraron catorce lesiones en distintas partes del cuerpo".

Expresó que "no había signos de violencia, afuera del departamento" por lo que a su juicio "las víctimas eran conocidas de sus victimarios".

Al solicitar la condena de reclusión perpetua para Martínez, el fiscal dijo que "todas las pruebas (para incriminarlo) han sido comprobadas" y que "no hay una duda razonable".

"El autor conocía a las víctimas", enfatizó tras lo cual al referirse a Quiroga expresó que su autoría está acreditada "en la prueba documental".

"Hay dieciocho presencias de su perfil genético, en la escena del crimen", aseveró y describió que el ADN del albañil formoseño se encontró en "las uñas de Susana y Marisol, en la cuchilla, en el palo de amasar que quedó en la cocina, en el picaporte de la puerta de acceso a la vivienda y en la grifería del baño"

"También se encontró su ADN en las colillas de cigarrillos, en la bombilla del mate, en la tecla de la luz de la puerta de la cocina, en la grifería, en un toallón y en una media", detalló.

Agregó que "por todos estos elementos y huellas hay una presencia activa (de este imputado) en el lugar de los hechos", concluyó.

El fiscal calificó el caso como homicidio simple (por la muerte de Bárbara) en concurso real con “homicidio triplemente calificado para obtener impunidad”.

Tatuaje de fuego

El abogado Gustavo Galasso, representante de la familia de Marisol Pereyra, igualmente solicitó la pena reclusión perpetua. En un preciso y encendido alegato sostuvo que llegó “el momento de proclamar por la justicia que estas cuatro víctimas requieren. Justicia que Miguel Ángel Pereyra y toda su familia, requiere de ustedes (los jueces) como miembro de uno de los poderes del Estado. Ha llegado el momento que se encarcele a los autores de este terrible y cobarde hecho y que el peso de la ley caiga sobre su ser”.

El letrado graficó que si el hecho hubiese ocurrido en la edad media, los autores recibirían de castigo lo que padecieron las víctimas, “golpes, mazazos, cuchillazos , cortes , y más golpes y más mazazos, y más puñaladas”.

Pero no señores, no van sufrir , no van a sufrir  ni un segundo lo que sufrieron estas tres mujeres y esa pobre e indefensa criatura.

No van a sufrir, ni sentir el dolor de ver como acribillaron a sus seres queridos desde una cama tratando de marcar el 911.

Galasso detalló que los acusados no van a sentir su cabeza rebotando “contra una mesa de vidrio, o sobre un bidet, o lo que es sentir que un palo de amasar se estrelle sobre sus cabezas”.

Para el letrado los autores del hecho no pueden vivir más “entre nosotros (…) ni con ningún otro ciudadano civilizado. Solo pueden compartir una celda (…) y que ahí compartan y sientan todo ese dolor y sufrimiento, que lo rememoren, que lo sueñen, que los tatúe a fuego”.

Esa parte alegó con su norte en una condena “cuya magnitud les asegure a la sociedad que estas personas nunca más volverán a cometer un hecho como el que cometieron”.

Ya un poco más calmo, el letrado subrayó que poseen un “profundo respeto” por la ley, el derecho y el “imperio irrestricto de los Derechos Humanos”. Galasso recordó que los acusados tienen “todo” el derecho a una segunda oportunidad para recomponer sus vidas, cultivarse, completar la educación “que quizás no tuvieron” o que “no supieron aprovechar”.

“Tienen todo el derecho –prosiguió- de que se los ayude a volver a convertirse en los seres humanos que alguna vez dieron paso a las fieras en que se convirtieron, abogamos por todos esos derechos para los imputados” pero reclamó que todas esas garantías sean garatizadas para ser ejercidas “detrás de las rejas”.

Para el abogado de la familia Galle el hecho debe encuadrarse legalmente como cuádruple homicidio calificado por alevosía y para lograr su impunidad (por las muertes de la menor y de Pereyra).

Ladrido

Guillermo Germán Niedfeld, representa a la familia de Susana De Bárttole. Coincidió con la calificación legal sostenido por el fiscal, hizo suyos los argumentos del acusador oficial y sumó como argumento que la noche del hecho “nadie” escuchó ladrar al perro de Susana.

Para el letrado el silencio canino se debe a que los homicidas eran conocidos de la víctima.

Por último fue el turno de los letrados Marcelo Ponce Nuñez y Ernesto Martín, quienes asisten a Daniel Galle, padre de la niña masacrada. Quienes calificación el caso como cuádruple homicidio doblemente calificado por alevosía y ensañamiento y reclamaron la pena de prisión perpetua a los acusados.

La próxima audiencia será este sábado 12 de julio, a las 10.30 horas, turno en que las defensas expondrán sus versiones del hecho. Ricardo Fuentes, defensor oficial que asiste a Quiroga insistirá con sus planteos de nulidad e intentará apuntalar la versión del acusado quien confesó haber estado en la escena del crimen pero en un rol de espectador, pese a que su ADN fue el único patrón genético masculino encontrado en el departamento en el que vivían tres mujeres. También se encontraron restos de su sangre y ADN en los cuerpos de Susana De Bárttole y Marisol Pereyra.

Julio Beley, defensor de Martínez, será el primero de ese bloque en alegar. Intentará demostrar la ajenidad de su asistido en el hecho. Según adelantó a Tinta Judicial, realizará un alegato al estilo “juicio por jurados” ya que caminará por el estrado mientras reproducirá un documento Power Point con gran parte de la causa digitalizada.

El juicio oral está a cargo del tribunal integrado por Ernesto Domenech, Andrés Vitali y Santiago Paolini por las secretarías de Andrea Lamamy y Romina Marchioni.


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