Tinta Judicial
Sábado 23 de Septiembre de 2017

Los linchamientos ¿Justicia por mano propia?

Gabriel Sagastume enviada

Gabriel Sagastume, ex fiscal de La Plata

El abogado y ex fiscal, Gabriel Sagastume, analiza el fenómeno social que ocupa la atención de medios de comunicación y opinión pública

Antes de exponer mi humilde opinión sobre el tema del título deseo dejar constancia que desde siempre, la prensa decide destacar ciertos hechos, en desmedro de otros. No hay un crítica en esta afirmación, solo me permito aclarar que la realidad, la vida cotidiana se ve reflejada en las noticias con la limitación propia de quien debe elegir cuáles noticias publicar y cuáles no. Entiendo que no es una novedad que haya grupos exaltados que ataquen a supuestos delincuentes con la idea de darles un escarmiento. Ha existido siempre esta conducta, solo que ahora ha tomado mucha repercusión en los medios.

Y dicho esto, recuerdo que hace unos años las noticias más destacadas tenían que ver con lo que se llamaba “justicia por mano propia” a partir del caso de un ingeniero que persiguió a un ladrón que le había sustraído su pasacassette, hasta lograr darle alcance y dispararle provocando su muerte.

En aquel entonces, el derecho de propiedad violado por el sustractor del aparato de cassettes, para algunos justificaba la muerte.

En estas mismas páginas recientemente opiné acerca del derecho constitucional de manifestarse y peticionar a las autoridades, que a su vez impide el derecho, también de carácter constitucional, del libre tránsito.

En todos estos casos existen voces a favor y en contra.

Se justifican algunas actitudes con la frase “y…los genocidas están libres”. Hoy se busca como excusa que los delincuentes “entran por una puerta y salen por la otra”. Pero son excusas para justificar lo injustificable.

Es verdad que han ocurrido y ocurren hechos muy violentos que producen la indignación popular, pero debemos respetar los límites que la ley impone, hacer cumplir las leyes respectivas para evitar que ocurran estos hechos pero no hacer justicia por mano propia.

La decisión de reunirse en comunidades, fijar reglas de convivencia y luego cumplirlas, es lo que nos diferencia de los animales. Y no hay nada que justifique salirse de las reglas. O, más aún, está reglamentado también, en cuáles casos se habilita la excepción a la regla (por ejemplo la legítima defensa).

Pero así como tenemos derecho a que se protejan nuestras vidas y bienes de los delincuentes, no tenemos derecho a imponer “la ley de la selva”.

Cuando éramos chicos, (los que tenemos más de cincuenta) recuerdo que si nos agarrábamos a trompadas la pelea debía detenerse cuando uno de los contrincantes caía al suelo. Era una ley no escrita que debía respetarse, era un acto de cobardía aprovecharse de quien no se podía defender. Podría seguir agregando argumentos en este sentido y decir que cualquier persona mayor recibía un trato respetuoso de todos los más jóvenes, y si alguna vez escuchábamos un reto o reprimenda de algún mayor que nos veía en falta en la calle, inmediatamente acatábamos  sus palabras.

Creo que aquí está punta del ovillo del porqué llegamos a conductas extremas que hasta provocan la muerte de un ser humano.

Hoy la educación es pobrísima. Tanto en la escuela como en los hogares. Falta esa formación que construía en nuestros espíritus el respeto al otro. Se habla de códigos, tanto de la calle, como de la cárcel, que se han perdido y olvidado. El ladronzuelo que para hacerse de veinte pesos le pega una trompada a una mujer anciana no tiene ningún límite ético ni moral. Es como un animal salvaje que lucha por sobrevivir. La turba de ciudadanos supuestamente educados, que golpea a un joven hasta matarlo, ha dejado de lado todos los límites morales también. Ambas conductas son iguales en cuanto al reproche ético que debemos hacer, (no quiero hacer un análisis legal sobre las figuras penales que les cabría), entiendo que el debate debe pasar por este lado, por la cuestión moral, por la educación y la formación que damos y recibimos necesaria para poder vivir en comunidad bajo ciertas reglas que todos nos obligamos a respetar y cumplir. Es la única manera de resolver el problema.

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