Tinta Judicial
Jueves 21 de Septiembre de 2017

Análisis y opinión: "Los linchamientos"

Gabriel Sagastume enviada

Gabriel Sagastume, ex fiscal de La Plata

Por Gabriel Sagastume, ex fiscal de instrucción y juicio de La Plata, para Tinta Judicial

Desde hace ya, lamentablemente, bastante tiempo, la calidad del servicio de justicia, viene decayendo. Con ello la falta de credibilidad, de confianza que existe entre la población respecto de los jueces y los magistrados. Es una falta grave a la calidad de la vida de los ciudadanos la existencia de una mala administración de justicia y quizás más grave aún es la falta de confianza en ella, porque será una cuestión de mucho tiempo dar vuelta esa creencia. Pero claro, para eso debería ocurrir un cambio, un salto cualitativo que no se vislumbra que vaya a suceder.

La declamada “democratización” que se quiso imponer recientemente era cualquier cosa menos una “democratización”. Era disciplinar lisa y llanamente lo poco de justicia independiente que queda al poder de turno.

Frente a este panorama los jueces no ayudan con sus fallos. Se equivocan, situación que debería ser una rarísima excepción si la justicia estuviera plena de hombres y mujeres idóneos, pero el pueblo percibe y muchas veces es víctima de esos errores.

Existen remedios, claro, hasta podemos lograr cuatro instancias en un caso si se plantean los recursos pertinentes, pero queda la sensación de que ya no hay remedio.

Inevitablemente también, debemos caer en la crítica de los medios de comunicación, ya  que pululan periodistas que no tienen la idoneidad necesaria para la función que ejercen. Y casi siempre se hace hincapié en la víctima de hechos aberrantes, poniendo el micrófono delante de una persona cuando transita el dolor inexplicable e incomprensible de perder a quien más se quiere. Es en ese momento en el que la víctima no puede razonar, no puede explicar lo que ha ocurrido y es todo sentimiento.

La prudencia en el periodismo es como pedirle al defensor central de un equipo de fútbol que no ponga la pierna fuerte. No va con ellos. Y hemos visto como la bola de nieve que se formó a partir de recordar un fallo de junio de 2014 que había pasado desapercibido para víctimas y victimarios, se llevó puesto a dos antiguos y respetados profesores de la facultad de Derecho y a la vez magistrados de larga y conocida trayectoria.

La ley debe tener su fuente en la razón, no en el sentimiento. Cuando se aplicaba la ley de Talión se pensaba en poner un límite a la venganza. Dos mil años después de Cristo merecemos vivir en sociedades donde las leyes no tengan como fuente de inspiración la venganza.

Recientemente se podía observar por televisión y por supuesto por internet, a un grupo de jóvenes que golpeaba a un hombre de más de 70 años, desmayado, inerte, tirado en el piso. Una mujer quería evitar lo que se veía como una muerte inminente y claramente les decía “¡Lo van a matar!” y uno de los muchachos, que no estaba drogado, no estaba borracho, no era un lumpen, era supuestamente amigo de una chica víctima de un homicidio, decía “sí, sí, que se muera, porque mató a una chica...” Creo que las averiguaciones que se han hecho hasta el momento descartan cualquier participación de ese hombre mayor en la muerte de la chica. Pero lo que sí sabemos con certeza es que a ese hombre lo mataron a golpes, salvajemente.

Los tres poderes del Estado son quienes ejercen los actos de gobierno, sancionan las leyes, las interpretan y las aplican, claro que cada uno cumpliendo su rol, no todos al mismo tiempo ni ejercidos por la misma persona. Deben controlarse entre ellos. Estos principios básicos básicas del derecho constitucional me da vergüenza escribirlos, porque los enseñan, (o los enseñaban) en las aulas de la escuela primaria y deben ser sabidos por todos.

No hay soluciones mágicas, ni creo en los grandes cambios legislativos, apliquemos las leyes existentes, pero sobre todo, elijamos buenos funcionarios, buenos legisladores y buenos jueces.

 

 

 

 

 

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